Logo
ESTUDIOS SOBRE LA VERA CRUZ DE CARAVACA
AULA DE INVESTIGACIÓN SOBRE LA VERA CRUZ Y LA CIUDAD DE CARAVACA

 
Portal      La leyenda de la Aparición
 
 
COMENTARIOS Y SUGERENCIAS
 EN NUESTRO FORO
 
 
¿Qué opinión le merece esta página web?




Ver resultados
 
Índice de artículos:
 
 
 
 
 

 

--- 000 ---

 LA LEYENDA DE LA APARICIÓN DE LA SANTÍSIMA CRUZ DE CARAVACA

 
Momento de la Aparición de la Cruz a Chirinos.
Momento de la Aparición de la Cruz a Chirinos. Óleo anónimo de principios del siglo XIX (1810 ¿?).
Inspirado, sin duda, en una tabla renancentista de semejante escena, de las cuatro que se conservan en el Real Alcázar-Basílica
 de la Santísima Cruz de Caravaca relativas a la Aparición, atribuidas a Hernando de los Llanos (s. XVI).
 
  
   Nos dice la tradición local más popularizada que, desde finales de 1230 ó principios de 1231, se encontraba el rey almohade de Valencia y Murcia, Ceyt-Abu-Ceyt, en sus posesiones de Caravaca. Interrogó a los cristianos que tenía prisioneros para conocer los oficios que ejercían, con el fin de ocuparles en consonancia con sus habilidades. Se hallaba entre ellos el sacerdote Ginés Pérez Chirinos quien, en labores de misionero, había llegado desde Cuenca a tierras sarracenas para predicar el Evangelio. Éste contestó que su oficio era el de decir la misa, y el rey moro quiso conocer cómo era tal cosa. Se mandaron traer los correspondientes ornamentos desde Cuenca y el 3 de mayo de 1232, en la sala noble de la fortaleza, el sacerdote comenzó la liturgia. Mas, al poco de iniciarla, hubo de detenerse explicando que le era imposible continuar pues faltaba en el altar un elemento imprescindible: un crucifijo.
    
   En ese momento, por una ventana de la estancia, dos ángeles descendieron desde el cielo y depositaron delicadamente una cruz de doble brazo en el altar. El sacerdote pudo entonces continuar con la celebración de la misa y, ante tal maravilla, Abu-Ceyt (junto con los miembros presentes de su Corte) se convirtió al cristianismo. Después se comprobó que la cruz aparecida era el pectoral del obispo Roberto, primer Patriarca de Jerusalén, confeccionado con la madera de la Cruz donde murió Jesucristo.
 
 
 
 
--- 000 --- 
 
 
 
El pergamino de la Santa Basílica de Cuenca y la aparición de la Cruz en un artículo periodístico del siglo XIX
Por:  J. A. Martínez-Cortés Martínez

   Hace algún tiempo, mientras buceaba por las amarillentas páginas de la antigua prensa histórica, localicé un artículo firmado por un tal E. Fuentes, cronista oficial de la provincia de Cuenca, en que se pretendía demostrar con documentos históricos y fidedignos la verdadera procedencia de nuestra patrona. El artículo en cuestión, publicado el viernes 30 de abril de 1875 en el diario El Globo, no tendría mayor interés si no fuera porque el cronista que lo suscribe afirma haber visto un curioso pergamino en el archivo de la Santa Basílica de Cuenca en que quedaba de manifiesto la inequívoca existencia histórica del sacerdote Ginés Pérez Chirinos y su vinculación con el milagroso y misterioso aparecimiento de la Santa Cruz de Caravaca. Tengo que reconocer que los primeros párrafos del artículo despertaron mi curiosidad, así que proseguí con interés y avidez la lectura hasta que comprendí que el mentado pergamino no era otro que el aducido por el conocido falsario Román de la Higuera  para demostrar  que el sacerdote que recibió la Cruz de manos angelicales se llamaba Ginés Pérez Chirinos, ilustre varón nacido en el seno de una linajuda familia radicada en Cuenca desde los tiempos en que los cristianos reconquistaron dicha ciudad,  según deducimos del tenor del documento objeto de crítica. Supongo que a estas alturas todo el mundo conoce al jesuita Román de la Higuera, pero, para aquellos despistados que aún no tengan noticias sobre el mismo, me permito la licencia de recomendar la lectura de un libro publicado por Godoy Alcántara en el año  1868 en que se descubren algunas de las falsificaciones y mentiras históricas de este curioso personaje. El libro en cuestión, premiado en su día por la Real Academia de la Historia, se titula Historia crítica de los falsos cronicones y se puede consultar a texto completo en la red.

   Conociendo los antecedentes de Román de la Higuera, me permitirá el lector que diga con toda claridad que, por desgracia, este pretendido pergamino, en caso de que realmente hubiere llegado a manos del citado cronista, hecho que dudo, no merece ninguna credibilidad. Es más, me atrevo a aseverar que el señor Fuentes jamás llegó a verlo y que en el supuesto de que realmente existiera sería solamente una burda falsificación de Román de la Higuera y tan dudoso y falso como el propio nombre del sacerdote que, según la conocida leyenda, experimentó la milagrosa aparición de nuestra insigne patrona. En efecto, el nombre del sacerdote que recibió de los ángeles la Cruz es otro invento más de los muchos de Román de la Higuera.

   Y digo que el señor Fuentes jamás vio el citado documento, entre otras cosas, porque copia a la letra la transcripción que Román de la Higuera facilitó a Robles Corbalán, y que el bienintencionado pero crédulo capellán de la Vera Cruz incluyó en su conocido libro como prueba indudable de la verdad del milagro. Si acaso estos argumentos no fueran demasiado convincentes, añadiría a lo dicho que en el mismo siglo XIX, tiempo antes de que el señor Fuentes escribiera el artículo que a continuación insertamos, un historiador caravaqueño, Manuel Martínez Iglesias, para más señas, escribió a Cuenca solicitando información sobre cualquier documento histórico relativo a la aparición de la Cruz que pudiere obrar tanto en el archivo municipal como en los archivos eclesiásticos de dicha ciudad, recibiendo por respuesta una carta en que le comunicaban lo infructuoso de la búsqueda. Los otros documentos que nuestro cronista emplea en su artículo son el cronicón atribuido a Fray Egidio de Zamora (falsificación de Román de la Higuera) y las transcripciones de los enigmáticos signos de la ventana de aparición que hizo el no menos falsario Miguel de Luna. Con estos textos es fácil comprender que realmente la fuente utilizada por E. Fuentes no pudo ser otra que la historia de Robles Corbalán, al que por cierto, se guarda muy bien de citar en el texto. Advierte el cronista en los últimos párrafos de su artículo que la antigüedad y abandono en que encontraba el documento no permitirían, tal vez, su posterior uso. Bien puede decirse que nuestro cronista era bastante precavido.

“La Cruz de Caravaca y el último almohade

   ¿Quién no ha visto la Cruz de Caravaca? ¿Quién no la posee? ¿Quién no la ha colocado en la puerta de su casa si una epidemia asolaba la población en que residía? Pocos serán los españoles que no la conozcan, posean y hayan colocado en su puertas; pero de seguro son también pocos los que sepan el origen de esa cruz tan venerada.

   La casualidad nos ha hecho ver un antiguo pergamino que explica su procedencia, y no queremos dejarlo sucumbir entre el polvo de un archivo; pues aunque en algún que otro libro se ha dado á luz, son libros poco conocidos, y los libros son leídos rara vez por el pueblo trabajador.

   Después de la rota de las Navas de Tolosa (16 de Julio de 1212) el derrotado Mohamed Aben Abdala, Anarir Ladinala pasó al Africa y se retiró á una fortaleza á llorar su suerte y recordar las victorias de su padre Jacub Almanzor. Por aquel entonces gobernaba los reinos árabes de Valencia y Murcia el piadoso, bravo y justiciero Cidi Aben Mohamad Abdala ben Almanzor (vulgarmente Zeit Abuzeit), á quien los Jeques de su tribu y su primo Cid Aben Abdala hacían una guerra sin tregua ni descanso.

   Aprovechándose el Santo Rey D. Fernando III de estas discordias, concibió el pensamiento de arrancar del floron de la corona muslímica para engastarlo en la suya, la hermosa plaza de Valencia, y al efecto ayuntó sus hombres de guerra, y con ellos llegó á la ciudad de Cuenca, donde asentó sus reales. Temeroso Zeiti Abuceit de estos preparativos, se presentó al Santo Rey en Cuenca para rendirle homenaje, con lo que libró á su reino del peligro que le amenazaba.

   Mossen Ginés Pérez Chirino, discípulo de San Julian y arcipreste de la Santa Iglesia catedral de Cuenca, inflamado de amor á Dios y émulo de los apóstoles en la predicacion del Evangelio, aprovechó la estancia en dicha ciudad del Rey moro, para pedirle le permitiera predicar la religion cristiana en sus dominios. Obtenido el anhelado salvo conducto de Zeit Abuzeit, salió de Cuenca y predicó la religion del Crucificado, hasta que fué preso por órden del mismo Rey en Caravaca el dia de la Invencion de la Santa Cruz del año 1231.

   Juan Egidius de Zamora, cronista del Santo Rey, en su adicion á la crónica de Juliana, refiere el hecho con las siguientes palabras “Año de mil y doszientos y treinta y uno, como consta de las relaciones que tuve de Cuenca y Carabaca, parece, que con salvo conducto de Muley Azelentey, Rey de Valencia y Carabaca, salió de Cuenca don Ginés Perez Chirino, prebendado de la Iglesia, de allí para Carabaca á predicar el Evangelio de Cristo á los cautivos cristianos y á los moros. Y predicando una con mayor fervor, que otras veces, contra la falsa secta de Mahoma, el dia de la Invencion de la Cruz de Mayo, fué  por mandado del mismo Rey preso y puesto entre los demás cautivos.”

   Lo que acaeció en la prisión al Sr. Chirino, y la manera milagrosa de aparecer la cruz de Caravaca, la refiere el mimo cronista de esta suerte; “ Pasado este tiempo, al fin del mes de Enero del año siguiente, queriendo ver el Rey sus cautivos los mandó sacar, y entre ellos salió D. Ginés, que estaba quejoso porque le tenían preso, habiendo entrado á predicar en confianza del salvoconducto que el Rey le había dado, y viéndole el Rey, le dijo: “que si no hubiera atendido al salvoconducto que tenia, ya le hubiera quitado al Nocturno de la fachada de la catedral gótica de Cuenca. (Foto Marcos Moreno, con licencia GNU)vida”, y mando que le volviesen á la prisión, hasta que á los últimos de Marzo de aquel año, queriendo de neuvo el Rey ver y reconocer sus cautivos, y saber, que oficio tenia cada uno. Preguntándole por el suyo al Maestro Chirinos, le respondió que era sacerdote de Jesucristo, y entonces el moro le mandó decir misa, pro ver, qué era el sacrificio que él decía; á lo cual respondio que no lo podia hacer sin vestiduras sagradas, y el Rey envió por ellas á la ciudad de Cuenca, y traidas con el Frontal, Ara y Cáliz, y las demas cosas necesarias para la celebración divina, y echándolo de ver el Rey, le preguntó la causa de su tristeza: Respondiole que le faltaba una Cruz, y alzando el Rey los ojos, vio dos Angeles que traian  una Cruz Patriarcal, los cuales la habían quitado del cuello á San Roberto, que era  entonces Patriarca de Jerusalen, según los Angeles le dieron á entender, y se verificó despues por los mismos de Carabaca, habiendo enviado á la informacion de ello persona, que lo averiguase, y se supo, como esta Cruz era del sagrado madero donde Cristo padeció, y al tiempo de alzar la hostia hay muchos, que afirman, que el Rey vio en ella un niño muy hermoso. Admirado el Rey de tantos milagros, propuso de volverse Cristiano y se llamó en su bautizo D. Vicente, y esto sucedió en tiempo del Rey D. Jaime de Aragon llamado el Batallador, á tres de Mayo, dia de la Invencion de la Cruz, el cual dia fue siempre muy celebrado en la Iglesia Catolica y por toda la redondez de la tierra. Esta Cruz des este tiempo hasta el dia de hoy comenzó á resplandecer con muchas maravillas, y milagros, y en toda España es venerada, y tenida por ilustre”.

   Otros historiadores, ó copian lo que antecede, al ocuparse de este asunto, ó consignan el hecho en brevísimas palabras. De todos modos, el hecho está justificado, no solo por las inscripciones gótico-arábigas existentes en la iglesia de la Cruz de Caravaca[1], sino por el pergamino á que aludimos al principio de este artículo, que existe en el archivo de la Santa Basilica de Cuenca, y que copiado á la letra es como sigue: “Muse Gines Perez Chirino, fijo de Alonso Perez Chirino de los primeros pobladores de Conca, que tienen solar en Toledo, fue á tierra de Carabaca, á predicar la fe del Iesu Christo á los Moros, con salvoconducto del Rey D. Fernando el Santo, Padre del Rey D. Alonso par de Emperador, [2]  é como Abuzeit Rey de Carabaca, de Murcia, e Valencia, le preguntase en esse lugar, que oficio oviesse, le respondio que era Crerigo de Missa, é á otros cautivos fizo la misma pregunta, é mandoles á cada uno, que fiziessen su fazienda, é el Crerigo le dixo, que non podia cantar Missa sin las vestiduras de Igrexia, é sabiendo el Rey, que en Conca se fallaría, embió por ellas, é  traidas, é revestido de Crerigo, e fecho Altar, dixo el Rey, que fiziesse su fazienda, é como el Crerigo se parasse, dixole Rey, porque nom platicas? É el le replicó, que le faltaba la mejor pieça, que era la cruz, é alçando el Rey los ojos, falló que dos Angeles la traian con gran craridad, é el Crerigo couortado fizo gracias á Dios, é dixo su Missa. Supose despues que los Angeles se la tomaron al Patriarca de Ierusalen de los pechos. Bautizose el Rey por mano del Chrino, fueron sus Padrinos don Pedro de Monfort y Belvis, y don Ivan de Conca, de los quales dio licencia el Rey Zeit Abuzeit, que se viniesen libres y acabo el dicho Muse Gines santamente su vida, çe yaze en Santa Maria de Conca, recibiolos muy bien el Obispo de Conca hera de mil y doszientos y sesenta y quatro.”

   Los pocos que se ocupan de Abuzeit despues de su conversión, no traen apenas pormenores de su vida, si bien Martín Rizo, Mariana y algun otro conviene en que al pronto su conducta no fue muy moral, si bien despues se enmendó y vivió santamente. El cronista del Santo Rey le retrata así: “Cuando esto escribia, conocía y hablé algunas veces á Abuzeit, ó D. Vicente Belvis; era muy bien criado, y comedido, humano, justo, y alto de cuerpo, de aspecto real, ojos muy hermosos, rostro venerable lleno de maejestad, tenia el cabello largo, traia un bonete de seda en la cabeza, andaba siempre vestido de grana, y acompañado de muchos criados y de sus hijos que le seguían”

   D. Trifon Muñoz, en su historia de Cuenca, da algunos más detalles. Los más importantes son: “Este hijo del vencedor de Alarcos; este excalifa de Marruecos y Rey depuesto de Murcia y de Valencia; este último vástago de los Almohades, dueño en otro tiempo de las embalsamadas y floridas comarcas de Granada, Valencia y Murcia, conociendo que la misma causa que destruyó en España los imperios árabes de los Omeyas y Almoravides le arrancó el cetro de las manos y empujaba hacia el otro ladoCastillete de Torreabuceit. Villar del Águila (Torrejoncillo del Rey. Cuenca) del Estrecho la potencia  de Aben Alhamr y de los Beni Merines, se retiró al hospital de Santiago de Cuenca, donde asistió á los enfermos con la mayor caridad. Sus explayos fueron conversar con su íntimo amigo D. Ginés Perez Chirino sobre la caducidad de las cosas humanas y el plácido sosiego del reino celestial, y retirarse algunas veces á la Torre,[3] á que dio nombre en las cercanías de esta ciudad y cuya posesion legó al hospital mencionado, ora á perfeccionar en sus umbrosos bosques sus estudios zoológicos[4] ora á contemplar en las corrientes del Záncara cómo se deslizaban sus dias al Océano de la eternidad. Este alto personaje murió en Cuenca y su cadáver fué trasladado á la torre y despues conducido por sus parientes á San Jaime de Ucles de Valencia, según las memorias antiguas que se veian en tiempos de Rizo al cláustro de dicha iglesia”  En 1830 aparecieron en Valencia los restos mortales de Zeit Abuzeit. He aquí como refiere El Pensamiento Español de 16 de Junio de dicho año este hallazgo: “Varias personas de Valencia habían observado hace tiempo en un edificio perteneciente al Estado, la existencia de una lápida adornada con escudos de armas y otros signos, lo que, ó por parecer de inscripción ó por hallarse borrada, ó por no comprenderla, se ignoraba el objeto para que se había colocado en aquel sitio. Hace poco se levantó dicha lápida, segun creemos por mera curiosidad, y dejó á la vista algunos restos humanos, cuyo estado denotaba su antigüedad. En el mismo sitio se encontró un pergamino que dice asi: “Hic jaçet ═ D. D. Vicentius Belvis ═ cumproles sua ═ olim Zeit Abuceit. ═ Rex Valentiae maurus. ═ adeo  religionis celator. ═ Ut duos inocentissimos viros ═ Beatos Joannem de Perusia ═ et Petrum de Xoxo Ferrato, ═ Seraphici Patris Francisci ═ Filios, ae socios ═ veram Christi fulem predicantes, ═ Gladio jugulaverit. ═ Sed inspirante Patre luminum ═ recipiens, ═ omne nefas diluit ═ sacro baptismatis lavaero ═ et aeternun reconciliationis signum, ═ Hanc olem aulam suam ═ in ecclesiam et cenobium ═ destinavit[5]

   El pergamino con la inscripción, la caja que contiene los restos de la familia del último Rey moro de Valencia y la lápida que encerraba el panteón, han sido puestos á disposición del señor alcalde corregidor y gobernador de la provincia”

   Como se ve, nosotros hemos sido meros cronistas, apoyados en los documentos copiados á la letra, pero al darlos á conocer creemos hacer un servicio sacando á la luz documentos olvidados, y que por su mucha antigüedad y abandono en que yace, tal vez pronto sea imposible valerse de ellos.

   ¡Ojalá este mal perjeñado artículo sirva de estímulo, y otros con más ilustración y acierto que yo, esclarezca este y otros hechos históricos de verdadera importancia!

E. Fuentes, cronista de la provincia de Cuenca.

Abril, 1875.”

 

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Enlace con la página de El Globo donde aparece insertado el artículo (ver página 2 del ejemplar): http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid/Globo,%20El%20(Madrid.%201875)/1875/187504/18750430/18750430_00030.pdf#page=1

 

[1] La traducción que de estas inscripciones hizo el licenciado D. Miguel de Luna, es: “El año de 594 de los árabes del tiempo de Mahomet, Abuzeit, Rey potentísimo, y treinta hombres de esta morada fueron convertidos á la verdadera ley del salvamento, por la gracia de Dios, mediante una Cruz de cuatro brazos, que trageron los Angeles, acompañados de otros muchos, que ayudaban á la celebración, en cuya memoria fueron aquí esculpidas estas letras. Otra: “En memoria de mi conversión, y a gloria de Dios, ofrecí esta vestidura real,  para traerla el dia de la Cruz, por solemnidad de su fiesta”. Otra: “Con este caballo ensalce la ley de Dios y vencí sus enemigos en batallas muchas veces”. Otra: “Yo la reina Haila (ahora Elena) muger del rey Abuzeit, y mis hijos, fuimos convertidos por la divina gracia á la santa fe, en cuya memoria estoy aquí dibujada”

[2] Debe ser con salvo-conducto del Rey Moro Zeit Abuceit.

[3] Torre Bucy ó torre Beceite, está situada en una eminencia á orillas del Záncara.

[4] Jerónimo Pablo en su libro de antigüedades afirma que Zeit Abuzeit compuso la Historia de los animales que se halla entre las obras de Avicena.

[5] Aquí yace el Sr. D. Vicente Belvis, con su familia, que antes se llamó Zeit Abuzeit, Rey moro de Valencia, tan celoso de su religión, que mandó degollar á los dos inocentísimos varones, los beatos, Juan de Perusa y Pedro Xaxo-Ferrato, de la órden del Seráfico P. S. Francisco, por predicar la verdadera fe de Cristo, más por inspiración del Padre de las luces, recibiendo el eterno signo de reconciliación, lavó todas sus manchas con el agua del bautismo, y destinó á la iglesia y Convento este que antes fué su morada.
 
 
 
--- 000 ---
 
LOS LEGENDARIOS PERSONAJES DEL SUCESO DE LA APARICIÓN DE LA CRUZ DE CARAVACA
Gregorio L. Piñero Sáez
 
 
   La Leyenda [1] de la Aparición de la Cruz de Caravaca, tal y como la conocemos hoy, se ha forjado mediante retoques y aportaciones diversas a través de los siglos (el texto más antíguo que se conserva en documento escrito data del 1556 en el que se reproduce otro anterior de 1480 [2]) y "Aparición de la Cruz". Tabla renacentista atribuída a Hernando de Los Llanos. Museo de la Vera Cruz de Caravaca tiene como protagonistas a tres personajes que todo caravaqueño, desde bien niño, guarda grabados en su memoria como símbolos de identificación colectiva. Se trata de Roberto, primer Patriarca de Jerusalén, el sacerdote Ginés Pérez de Chirinos; y, el rey moro de Valencia y Murcia, Ceit-Abu-Ceit.
 
   Pero lo que sucede es que de esos tres personajes, los dos primeros son personajes de leyenda, personajes inventados. El tercero sí es un personaje real que, efectivamente, fue el último rey almohade de Valencia y es cierto que se convirtió al cristianismo, pero su relación con Caravaca es más que dudosa. Hablemos aquí de los legendarios.
 
   1. Roberto, primer Patriarca de Jerusalén (¿?).
 
   Nuestra bellísima “leyenda de la Aparición” trata de identificar plenamente al propietario de la “Cruz Patriarcal”. Y nada más cómodo que ponerla en el pecho del Patriarca Roberto de Jerusalén (el primero de los Patriarcas, según se dice) [3].
 
   Lo desgraciado del asunto es que el primer Patriarca de Jerusalén no se llamaba Roberto. Hubo un eclesiástico Roberto que visitó Jerusalén al principio del Patriarcado. Era el Cardenal de París y actuó como delegado papal. Pero ni era ni fue Patriarca. Y es que los primeros años del Patriarcado, como diríamos ahora, fueron bastantes “moviditos”.
 
   El primer Patriarca católico tras la refundación del Patriarcado con ocasión de la creación del Reino de Jerusalén en el 1099 (verdaderamente se Reproducción de un "Sólido aúreo" o "Besante" de oro de Constantino VII. 959-963 d. C. (Web de antiqbronzes.com)fundó en 451, pero el cisma de las Iglesias hizo que quedara en la jurisdicción ortodoxa) con el triunfo de la Primera Cruzada, se llamaba Arnulfo de Chocques. Le sucedió el Patriarca Dagoberto, quien en el año 1101 desfalcó un donativo de mil besantes (una importante suma en la época) que le había entregado Roger de Apulia para ser repartidos en tres partes: un tercio para la Orden de los Hospitalarios de San Juan, otro tercio para los guardianes del Santo Sepulcro, y el último tercio para los gastos de administración del Reino. El escándalo fue mayúsculo y obligó a Mauricio, representante papal, a deponerle, refugiándose aquél en Antioquía (donde Tancredo le encargó de la Iglesia de San Jorge de esa ciudad), a la espera de que mejorara su situación.
 
   El Patriarcado quedó vacante. Y como quiera que el genovés Mauricio falleció en la primavera de 1102; el Papa Pascual II nombró como su delegado papal en Jerusalén a ROBERTO, Cardenal de París, quien llegó en otoño del mismo año, para presidir el primer Sínodo celebrado en Tierra Santa (convocado por el Rey Balduino I), resolviendo con su intervención la crisis planteada y en el que fue elegido Patriarca Ehremar de Teronanne[4]
 
   Hubo un Roberto que fue Patriarca: Roberto de Nantes (1240-1254), pero ejerció desde Acre, pues Jerusalén no era territorio cristiano en ese momento.
 Bandera y escudo del Reino de Jerusalén.
   En el momento en que se fija el milagro de la Aparición, el Patriarca se llamaba Gerardo de Lausana (1225-1238). Y también estaba en Acre.
 
   Así que el primer dilema en que nos encontramos al subsumir a la realidad histórica la Leyenda, es que hay que suprimir a “Roberto, primer Patriarca de Jerusalén” como poseedor primigenio de la Cruz caravaqueña; y, o modificamos la fecha de aparición atrasándola al período de 1240-1254 para poder afirmar que era de “Roberto, Patriarca de Jerusalén”; o afirmamos que era de “Arnulfo, primer Patriarca de Jerusalén”. Cabría –por último- el mantener las fechas de 1231 ó 1232 que ahora se barajan, pero, en  tal caso, diríamos: “Gerardo, Patriarca de Jerusalén”.
 
   Es la desgraciada consecuencia de “inventar de oídas”, tal y como hicieron ciertos autores de la Leyenda de la Aparición: que sus personajes no encajan en la Historia.
           

2.  Ginés Pérez Chirinos, sacerdote-misionero, natural de Cuenca (¿?).

           No me cabe duda que hay un trasfondo en las leyendas que es el que le da sentido a su existencia y que intenta transmitir y que hay que procurar descubrir. Y de ese trasfondo no adolece la de la “Aparición de  la Santísima y Vera Cruz de Caravaca”.
 
   Pero para ello es necesario ir quitando capas (como a una cebolla) para alcanzar el núcleo original. Y en esta nuestra lo que me parece más triste es que, a la hora de ir analizando la veracidad de la existencia histórica de los protagonistas que figuran en la Leyenda, se me desmoronen esas capas de tal manera que, ni por atisbos, podamos intuir que han existido físicamente. Vamos, y en pocas palabras, que hayan nacido de mujer. Y me colma de entre ellos (porque es el colmo por las circunstancias posteriores) el que se ha configurado como taumaturgo o “médium” de la “Aparición”: el sacerdote Ginés Pérez Chirinos.
 
   Una de las buenas costumbres que heredó la Iglesia del Imperio Romano es la de documentarlo casi todo. Reflejar por escrito desde el bautizo hasta la defunción y, por supuesto, la profesión del sacerdocio y las vicisitudes de su ejercicio individualmente: diócesis de pertenencia, parroquias o iglesias a sus cargos en el culto, canonjías, beneficios, etc.
 
   El tema de la administración de las parroquias e iglesias en el siglo XIII (que es el que nos "Casulla de Chirinos". Tiraz gótico-musulmán probablemente confeccionado en talleres granadinos en el siglo XIV. Fue reformado en 1860.ocupa, pero también para los siglos anteriores y posteriores hasta nuestros días) no es baladí, porque obtenían importantes rentas que las nutrían económicamente así como a su obispado. Todo se documentaba debidamente y se autorizaba y remitía a las cabezas de las diócesis por los sacerdotes administradores. Se conserva en España en los archivos eclesiásticos una ingente documentación al respecto, que ha sido analizada con pulcritud, tesón y entusiasmo especialmente a partir de los positivistas del XIX. Y qué decir de los archivos de la Orden de Santiago.
 
   También es cierto que se ha perdido mucha documentación. Pero ¿cómo es posible que no haya ni una sola línea escrita, es más, ni una sola palabra escrita sobre el sacerdote Ginés Pérez Chirinos, en ningún documento de la época o posteriores, hasta que el falsario Román de la Higuera [5] le nombra y afirma que era “hijo de Alonso Pérez Chirino”, en el siglo XVII? ¡Nada menos que 400 años para que aflore el nombre del hombre que protagonizó el extraordinario hecho de la Aparición! Y, claro, es entonces cuando se afirma que de sus manos recibió el bautizo Ceyt-Abuceyt.
 
   Mientras tanto, el resto de las personas que circundaban o custodiaban la Cruz en Caravaca, sí fueron dejando suficiente rastro documental, por lo que ahora conocemos de su segura existencia. Sirvan a modo de ejemplo, el sacerdote Don Johan de Uera (que ejercía en 1285 en Caravaca); el Maestre de la Orden de Santiago Don Lorenzo Suárez de Figueroa que regaló hacia 1390 la caja de plata que guarda el relicario de la Santa Cruz; Don Garci López de Cárdenas, que fue Comendador de Caravaca desde 1434 a 1445; o, Don Diego Chacón, Capellán de los Reyes Católicos y Vicario de la Orden de Santiago en Caravaca.
 
   Lo que sí sabemos y está documentado es que el apellido Chirino(s) de Cuenca pertenecía a un linaje de judíos que se convirtieron al cristianismo en el siglo XIV. De modo que es más que probable que en 1231 no hubiere ningún Chirino, no ya sacerdote, sino ni siquiera cristiano, de origen conquense.
 
   Los caravaqueños que hasta casi al final del siglo XV defendieron con sus patrimonios y vidas a la Santísima Cruz frente a las cabalgadas de los musulmanes fronterizos, murieron sin haber oído jamás el nombre de Ginés Pérez Chirinos. Pero, eso sí, tenían tanta devoción como ahora tenemos por nuestro sagrado símbolo. (No hay que olvidar que en el archivo de la Catedral de Murcia se conserva una copia de traslado de un documento de fecha 9 de diciembre de 1285, en el que se describe el sello que tenía entonces el Concejo de Caravaca, en el que está presente una Cruz como emblema).
 
   Emociona leer la carta que escribe Alonso Fajardo ("el bravo") al rey Enrique IV el día 20 de agosto de 1458,Enrique IV de Castilla ("El impotente". 1425-1474) y en la que, después de narrar su situación y esfuerzos bélicos que resultan no sólo no reconocidos sino atacados por su rey y señor, le dice: “O rey muy virtuoso (…); soez cosa es un clavo y por él se pierde una herradura, y por una herradura un caballo, y por un caballo un caballero, y por un caballero una hueste, y por una hueste una ciudad y un Reino (...)”. Se fecha el correo en “De mis villas de la Cruz, a veinte de agosto”. [6]
 
   En fin, que hay documentos de los personajes cercanos a la fecha en que se fija la “Aparición” (últimamente oficializada la de 3 de mayo de 1231) y no hay ni la más mínima sombra de Mosén Chirinos. Y hay que concluir que eso es así, porque no existió, claro está. Es decir, a la primitiva leyenda se le han ido acumulando capas posteriores que son inventos de conveniencia, bien para tratar de darle más verosimilitud, bien para (como pudo ser en el caso de Chirinos) que su autor se congratulara con tal familia mientras vivía en Cuenca y/o, para darle visos de cristianismo viejo y limpieza de sangre a un linaje de conversos.
 
   Es la segunda cuestión que nos encontramos: rechazar la existencia de Ginés Pérez Chirinos. Y en este caso es más grave porque, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, las autoridades han dado nombre a una Instituto de Enseñanza con el del inexistente clérigo. ¡Así como si no hubiese, por ejemplo, grandes profesores que han ejercicio en Caravaca que lo merecen!
 
   De este modo, la falsedad se incardina aún más con la identidad colectiva, porque las nuevas generaciones conviven y convivirán no ya con el personaje inventado, sino con la realidad institucional.
 
   El caso es que de los tres nombres que aparecen en la Leyenda que todos conocemos, dos podemos desechar como seres reales y tenerlos sólo como legendarios. Nos queda, de momento, Ceyt-Abuceyt.


[1]  Del Latín legenda, n. pl. del gerundivo de legere (leer). La Real Academia de la Lengua dice en su acepción cuarta que es una “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos”.

[2]    La Cruz de Caravaca. Historia, rito y tradición. Pedro Ballester Lorca. Caravaca de la Cruz, manejada la 11ª de 2006. (La 1ª edición, de 1994, tiene como título La Vera Cruz de Caravaca. Una historia, un símbolo, una fe).

        Ensayo histórico sobre el acontecimiento religioso de la Vera Cruz de Caravaca y su Santuario. Gregorio Sánchez Romero. Mvrgetana, núm. 104, Murcia 2001).

[3]   Así se afirma en la web oficial de la Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

[4]    Recomiendo la lectura de los artículos publicados en “El Noroeste” (números 213, 214 y 215 de mayo/junio de 2006), por el Doctor en Historia y Académico de la de Alfonso X, D. Marcial García. Ver la página 17 de la Edición digital de la entrega tercera (que corresponde al Patriarcado latino).
 
[5]    La Santa Cruz de Caravaca. Vicente de la Fuente. Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid-1886 (Biblioteca virtual Cervantes. Hemeroteca). 
 
[6]    La Santa y Vera Cruz de Caravaca. Textos y Documentos para su historia (1285-1918). Indalecio Pozo Martínez, Francisco Fernández García y Diego Marín Ruiz de Assín. Caravaca, 2000.
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 
 
 
 
Copyright © de los artículos: sus autores.
 
Copyright © 2009 Ediciones José Piñero, S.L. CIF: B-73564072. 
Domicilio Social: calle Marín Baldo, 1; 4º B. C.P. 30.001-MURCIA (España).
Todos los derechos reservados. 
Diseño y programación: Ediciones José Piñero, S.L.
 
 
Nuestras direcciones de correo electrónico:
 
 
 
 
Sociedad Limitada inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al TOMO: 2.583. Hoja: MU-67.284. Inscripción 1ª. Folio: 141.
 
 
 

Free counter and web stats